Se ignora con exactitud el año y el motivo de esta gran serenata dramática (que de drama no tiene casi nada) de Vivaldi, cuya música e inventiva bastan siempre para hacer digeribles los textos menos teatrales y más envejecidos. No se sabe bien para qué persona de la nobleza -o la realeza- se escribió y la datación oscila, pero la obra es muy interesante y poco escuchada. Alessandrini y sus músicos consiguieron todo el brillo y la punta de melancolía y desencanto que a veces asoman en las páginas del Prete Rosso. Aquí, además, como se trata del Sena y de alguien por lo tanto relacionado con Francia, abundan los homenajes al modo de componer francés (la obertura de la segunda parte, ciertos ritmos, algún aria), aunque la obra resulte italiana hasta la médula.Será por eso que fue elegida para inaugurar el semestre de presidencia italiana de…
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