Treinticinco años separan a Agrippina de este oratorio tardío, nacido junto con el notable Hercules, y prueba evidente del genio de Haendel, no sólo en cuanto a la evolución de su pensamiento musical dentro de unos cánones, sino de su capacidad dramática para escribir una ópera "disfrazada" y más moderna que los títulos de su época, gracias a la posibilidad de trabajar con cantantes menos caprichosos (aunque menos dotados), con coros y con un libreto (realmente notable) que ofrecía grandes posibilidades (por ejemplo, la escena del festín con la aparición de la mano que traza las palabras de condena de Baltasar y Babilonia). No basta que las arias sean más cortas, relativamente más simples o que la coloratura se reserve casi exclusivamente al héroe "negativo" para marcar su locura, impiedad y desmesura (y secundariamente al aria de…
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