Una de las mejores ideas que ha tenido EMI en los últimos tiempos es esta serie de dobles compactos, dedicados a los grandes directores del siglo XX. Entre ellos no podía faltar Evgeni Mravinskii (1903-1988), a cuyo nombre estará por siempre ligada la historia de la Orquesta Filarmónica de Leningrado: cincuenta años –desde 1938 hasta su muerte- ostentó su titularidad, en lo que probablemente constituya un ejemplo sin parangón en el mundo de las orquestas sinfónicas.Además, este álbum sirve de recordatorio de lo que fue (hablo en pasado con tanta intención como nostalgia) el auténtico sonido de las orquestas soviéticas, representado aquí por su máximo exponente. A pesar del pobre material de trabajo -cuerda áspera, madera un tanto chillona, metal con sabor a cacerola, percusión hueca-, la Filarmónica de Leningrado demuestra cómo a base…
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