Este concierto sirvió para comprobar varias circunstancias.Primero: no se debe abrir un concierto con la Pavanne pour une Infante Defunte, así, en francés, se hace mas evidente aún que el nombre fue puesto por Ravel por el atractivo cacofónico de sus palabras tal como él lo dijo, pues los labios de algunos músicos están fríos y sus instrumentos también. Y sino, que lo digan los gruesos errores inciales del corno y el oboe solista. La ejecución se arregló a partir del solo de flauta de Cecilia Borzone, luego de una docena de compases que hacían temer la caída de la breve y conocida página de Ravel.Segundo: que Cecilia Ulloque es uno de los puntales de la orquesta. Talentosa, segura, siente la música desde sus cabellos hasta sus pies dando la sensación que cada nota, que cada compás, que cada escala, que cada legato, está siendo inventado…
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