Cuan difícil debe resultar para un director de escena sumergirse en las aguas de uno de los mitos mas buceados de todos los tiempos: el del cantor tracio, el mismísimo Orfeo. Porque Orfeo, bien lo consideremos todo un dios griego, un arquetipo romántico o uno de los tipos más tontos de la historia, es un personaje cuya magnánima tragedia se ofrece a mil y una lecturas diferentes.En el terreno de lo musical, y aún tratándose de un mito que ha despertado bastante interés en años recientes (ahí están, para probarlo, los acercamientos de Harrison Birtwistle o Lukas Foss, por ejemplo), dos son las referencias principales e inevitables: L’Orfeo de Monteverdi y el Orfeo y Euridice de Gluck, las obras capitales de dos compositores tan distintos como importantes en la evolución del género operístico. En su respectivo acercamiento al tema que nos…
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