Nicolas Hodges es un joven pianista inglés que presentó en Chillida-Leku, dentro del ciclo de música contemporánea que organiza la Quincena Musical, un programa diabólico por su dificultad y su exigencia física y psicológica, basado en cuatro obras de muy diversos estilos que pocos pianistas pueden abordar satisfactoriamente de forma individual y menos aún en conjunto. Porque si Piano de Morton Feldman es un reto a la capacidad de concentración tanto del intérprete como del público, arremeter acto seguido con la, en todos los aspectos, agotadora Alkan-Paganini de Michael Finnissy es un acto casi... ¡casi!, sobrehumano. Y combinar en la segunda parte la extensa y complejísima Klavierstuck nºVI de Karlheinz Stockhausen con la histriónica Sonata V de Salvatore Sciarrino, tres cuartos de lo mismo.Sin embargo Hodges, que sudó de lo lindo, es…
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