El público de música clásica es retrógrado y reaccionario. Los programadores, consicentes del gravísimo problema de renovación de público que sufre el sector, apuestan por iniciativas que puedan resultar atrayentes para un público joven o novel (sin renunciar a la calidad, que es a veces lo difícil) y los cetrinos mostachudos (¿por qué hay tanto melómano con bigote?) y las orondas emperifolladas se echan las manos a la cabeza.Esto fue precisamente lo que ocurrió con el segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia en Quincena, que resultó ser... ¡quién lo iba a decir!, lo más polémico y comentado de todo el festival. ¿Y por qué? Porque a los organizadores y a Víctor Pablo se les ocurrió la interesante idea de acompañar la interpretación de la Sinfonía Fantástica de Berlioz con una proyección visual, llamada Una sinfonía en…
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