Se vuelve difícil encontrar un título adecuado para una ópera de Verdi. Máxime si es una de las inspiradas en Schiller y si, pese a ser fundamental en la evolución de su carrera, no es aún todo lo popular que debiera. O habrá que felicitarse de que no lo sea. Seguramente uno de los motivos es la dificultad de su realización musical (la última vez la vi en versión de concierto, y pese a que Verdi clama por el teatro, a veces es mejor dejarlo que se las componga solo, que con su música se sabe defender bien).La nueva puesta en escena, en coproducción con Leipzig, presenta la marca del director escénico: algunas ideas buenas en un dislate profundo. Alrededor de varias piezas en una estructura que gira haciendo un ruido molesto -total, la música es tan secundaria que aún en medio de la obertura tenemos derecho a un tiro además de un…
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