Pocas obras tan complejas e inmensas como Les espaces acoustiques de Gérard Grisey. Quizá no supone para sus ejecutantes un dechado de cualidades técnicas -exceptuando, por supuesto, el diabólico Prólogo para viola solista-, pero sí que exige una afinación pluscuamperfecta, una gran precisión dinámica y tímbrica, y una visión global, más que individual, de cada uno de los sonidos producidos por el instrumento de cada cual (¿no son los músicos, al fin y al cabo, los armónicos de un ente tan complejo como es una orquesta sinfónica?). Solo cumpliendo estos requisitos se pueden lograr los efectos acústicos, tan básicos como maravillosos, explorados por el que fue, por otra parte, el más humano de los espectralistas franceses.Lanzar a la JONDE tamaño reto, por medio de la reciéntemente creada Academia de Música Contemporánea, tiene sus…
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