No voy a negar que me cogió por sorpresa la invitación del Orfeón Donostiarra a hacer crítica de su concierto dedicado a socios y amigos, ya que me consta tener fama de intransigente con la formación coral y especialmente con su director. Me sorprendió más que nada porque este concierto (al que ya he tenido ocasión de acudir algún otro año) es más bien una formalidad institucional sin la repercusión pública (y por tanto el alcance crítico) que puede poseer, digamos, un concierto en la Quincena Musical. No obstante, yo acepté la invitación y debo cumplir ahora con mi compromiso de informar de lo que allí ocurrió, y que fue lo siguiente: hubo una orquesta y un coro que intentaron (respectivamente) tocar y cantar, y un director que hizo todo lo posible para que lo hicieran mal.Ya he dicho en alguna ocasión anterior que Sainz-Alfaro no sabe…
Comentarios