Hay óperas que son maravillosas, populares, difíciles de representar e incluso de decidir cuál de las múltiples versiones seguir. Y sin embargo se programan cada vez con más frecuencia. Naturalmente, el público debe poder oír esas obras maestras con frecuencia y dentro de los medios con que cuente cada teatro. Lo ideal es que todos pudieran hacerlo y verlo como -flaquezas algo incomprensibles aparte en la distribución de algunas partes- tuvimos oportunidad en el festival de Salzburgo. Aquí tuvimos, a tres años de distancia (que parecen pocos para volver a insistir), la primera versión de McVicar, autor precisamente de la nueva puesta salzburguesa.En esta, su ingeniosidad brilla, como acostumbra, demasiado. Por suerte parece que ahora ha evolucionado y reflexiona más y no hace del aria de ‘Olympia’ un dúo -mudo- entre la muñeca y un…
Comentarios