Una mujer a la que la atracción de las joyas fulgurantes infundía voluptuosidad. Esa fue la definición que dio Alvaro Retana de la Bella Dorita, (María Yáñez en los papeles oficiales). Y Retana, que había conocido prácticamente a todas las grandes cupletistas desde los años veinte, era buen juez de estas cosas.Y no quiero decir con ello que no tuviera grandes condiciones artísticas, nadie se convierte en un mito sin ellas y la Bella Dorita lo fue durante dos décadas por lo menos, los años cuarenta y cincuenta, no sólo en el ámbito barcelonés sino en toda España. Pero sus joyas y su voluptuosidad eran doblemente importantes en un país donde la riqueza y la alegría de vivir se habían convertido en bienes tan escasos.El racionamiento, las colas, las cartillas, el estraperlo, los trenes abarrotados de gente que iba a buscar aceite a los…
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