Las profundidades oceánicas, morada de bestias y fantasmagorías, y las alturas celestiales, donde planean las frentes laureadas, están mucho más cerca de lo que aparentan. Wagner fue atraído tanto por unas como por otras en vida y obra, ya que le permitieron conocer lugares ajenos a un mundo que por momentos le dio la espalda, y le planteó dificultades como la penuria económica que vivió durante la composición de El buque fantasma (1843), ópera inspirada en un relato de Heine.Con un convencimiento que media entre la asunción de las limitaciones ilusionistas de la recreación escénica y la fe en la comunicación del personaje con su espacio circundante, el director de escena Willy Decker comenta en sus notas al programa que “la tempestad que se enfurece en la música de Wagner sólo se puede representar escénicamente en los seres, es decir,…
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