Una opereta de Johann Strauss casi garantiza el éxito, por la decisión con que apela a uno de las necesidades básicas del ser humano: el entretenimiento. El Murciélago parte de la adaptación alemana de Le Réveillon de Meilhac y Halévy, exitosos libretistas capaces de oscilar entre la tragedia de Carmen o las irreverencias mitológicas de Offenbach. El ingenio de la trama, la simplificación a un único foco de atención argumental y la agudeza del humor, conforman un plato de degustación agraciada. El libreto dispone, además, espacios reservados para acrobacias escénicas dirigidas a la vista, un instinto mucho más voraz que el oído. La imaginación de los directores de escena y decoradores se calienta en el noble intento de complacer a su público, y de ellos depende, fundamentalmente, el triunfo de la empresa. Un pasatiempo tal, queda abierto…
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