Y llegó la Navidad y unos eligen obras ligeras y otros algo ‘bondadoso’, ‘infantil’, ‘tierno’. Si en París se hacen operetas, por aquí se vuelve a los hermanos Grimm (aunque sus cuentos se hayan demostrado a veces poco adecuados para el supuesto público de niños; aquí mismo hay una madre que es más temible que la terrible bruja). En todo caso, aquí hay mucho mazapán, mucha dulzura azucarada y almibarada, muchos diminutivos: no sé si es algo que los niños de hoy aprecian mucho. Los que no somos ya niños advertimos cada vez más las grietas que presenta esta versión lírica del célebre cuento. Poca acción, demasiado desarrollo, demasiado evidente el credo wagneriano del autor, sólo lozanas las canciones populares o basadas en motivos populares (si no se prolongan más allá de la cuenta). Como si fuera un postre demasiado dulce y dejado…
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