Del final de la vida de Lully nos llega, gracias a Rousset, esta obra interesantísima, que supongo será objeto de grabación. El particular mundo de la ópera francesa, el paso insensible de canto a recitado, es algo que deslumbra siempre, aunque haya que soportar un prólogo de alabanzas reales hoy más insufrible que entonces, sobre todo por la desconexión total con el resto de la obra. Lo único que se podría decir en contra de esta exhumación es: a) que, sobre todo por lo que se refiere a las danzas (en aumento en este período de la vida del autor), y pese a su valor musical, es donde más se echa a faltar una puesta en escena porque se hace todo un poco largo; b) que Rousset, quien para sus anteriores grabaciones comerciales había puesto gran cuidado, parece esta vez haber bajado su listón. Fundamentalmente en el caso de un personaje tan…
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