El segundo poema sinfónico de Liszt (veinte minutos) y el primer acto de la primera jornada del Anillo (una hora) constituyeron el programa del primero de los dos conciertos de esta célebre orquesta y su director. A Fischer parece gustarle mucho hacer Wagner en concierto (en Salzburgo hace dos años le escuché escenas del tercer acto de Lohengrin junto con El castillo de Barba Azul: o sea, el mismo principio, Wagner y un húngaro).La obra de Liszt, un poco pomposa y reiterativa, tuvo una exposición magnífica, con atriles de verdaderos solistas, una seguridad, un empaste y una homogeneidad notables. Y los momentos mejores -los líricos y señaladamente el inicio y el adagio- fueron servidos de modo ejemplar.En cuanto a Wagner, si por un momento (en la primera aparición del tema de la espada) los metales perdieron su precisión, también fue una…
Comentarios