La versión retenida más habitualmente, la francesa (sin embargo, una vez escuché la italiana en Drottningholm y hace también su efecto -sin duda más “elemental”, pero también más directo), da la medida de lo que era capaz de hacer el Caballero (por una vez que alguien merece el título no está demás dárselo) con algo que lo entusiasmaba como los temas de tragedia griega, y más los tratados por Eurípides. Aunque el libreto no es un calco fiel de la obra del gran trágico griego, guarda su esencia, la transmite cargada con las ideas y la sensibilidad del tiempo de Gluck (hay más elegancia, “nobleza”, retención del gesto que en el original, pero también hay, bajo esa aparente severidad, toda la vida que puede haber en una persona, en un mundo, cuando tiene que hacer frente, por propia voluntad y por salvar a otro, a la muerte).Si ambas…
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