Siempre tuve la convencida sensación que para comprender la música de Chaicovsqui era preciso tratar de encontrar el nudo de ese sentimiento profundo del ser humano que se llama amor con todo lo que ello implica, ardor, pasión, ansiedad, deseo, entrega generosa sin esperar contrapartida, en fin...todo lo que alguna vez hemos experimentado cada uno de nosotros.El concierto que aquí comento, confirma una vez más este convencimiento.Luego de un incierto inicio que duró hasta el primer solo del piano, la orquesta ingresó en su cada vez más fuerte seguridad en todas sus secciones. A partir de allí, el primero y el mejor de los tres conciertos escritos para piano por este ruso representante del romanticismo tardío, fue la página que permitió la concreción de un nuevo y estupendo trabajo de Javier Anderlini. A pesar de las terribles e injustas…
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