Por muy grande que sea la decisión de alcanzar el máximo de objetividad posible, no es fácil desprenderse, aun en la función de critico, de la íntima emoción que uno puede experimentar al escuchar música de su propio país a miles de kilómetros de distancia, interpretada por músicos que en su formación académica nada tienen que ver con los autores y sus composiciones.
Eso fue lo que me sucedió esta noche en Praga, la bella capital de la Republica Checa, cuando la estupenda orquesta de su radio nacional ataco los primeros compases del cuarto movimiento que el argentino Alberto Ginastera, acaso el mejor compositor del país del sur, escribiera para la música incidental de su ballet Estancia. Su danza final, el ‘Malambo’ de enérgico y vigoroso ritmo forma parte de un trabajo encargado por el Caravan American Ballet y está compuesto en 1941. De…
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