Luego de los enormes Requiems escritos por Mozart, Verdi o Brahms, éste del francés Fauré, que no es estrictamente litúrgico y que además no recurre a exacerbar la tragedia de la muerte, aparece como una obra mas bien pacífica, tranquila, donde el compositor intenta transmitir la visión que supuestamente se genera en el más allá, con la esperanza de que el abandono de la vida sugiere ir a un espacio mejor.
El enfoque fue netamente camerístico con orquesta reducida de buen desempeño, la soprano Myriam Molina que con verdadero sentimiento cantó su ‘Pie Jesu’ y el barítono Alfredo Tiseira proyectando correctamente el ‘Ofertorio’ y el ‘Libera me. En cuanto al coro, salvo la buena cuerda de sopranos, el resto mostró un inseguro rendimiento vocal, tal como si hubiera faltado tiempo de preparación.
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