Si algo se debiera destacar de esta excelente producción de Don Carlo, señalaría la gran calidad de los cantantes, la apuesta por unas voces adecuadas y de máximo nivel. Y ahí radica también su casi único fallo, al incorporar a un cantante que no estaba en su mejor momento en el rol principal. Pero vayamos por partes:
La producción, que prescinde del acto de Fonainebleau, transforma a los Augsburgos españoles en una familia mafiosa, donde el patriarca dirige con mano de hierro, ayudado por su lugarteniente/amante Éboli, a sus sicarios. Los únicos que desentonan en ese micromundo cerrado son una ‘Elisabeth’ muy matrona, un ‘Carlo’ bastante cobarde, y un fiel pero también temeroso ‘Posa’. La ambientación, centrada en una mesa rectangular que ocupó la escena toda la obra, era tan cotidiana que hasta vimos planchar a la reina. La…
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