Siguen las celebraciones de los setenta y cinco de Haitink y para ninguna orquesta es fácil figurar en un ciclo de conciertos mahlerianos después de la Novena a cargo de la Filarmónica de Viena y antes de la Tercera con la Filarmónica de Berlin. Pero con esta Sexta la Sinfónica de Londres supo estar a la altura. Y esta sinfonía se adapta particularmente bien a la densidad de la masa orquestal londinense, particularmente apta para la cromática oscura tan asociada a ese apodo de 'la trágica' inicialmente considerado por Mahler. Pues bien, resulta difícil no pensar en Bette Davis en la apertura del último movimiento. ¿No la imaginan ustedes transitando con sus ojazos ansiosos y su cara crispada por una mansión oscura con la premonición de una tragedia que sí, surge clara en el primer climax del movimiento. La imaginamos con una mueca de…
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