Lo de Plácido Domingo empieza a parecer ciencia-ficción. Cantar Parsifal en escena con 68 años, en un escenario como la Staatsoper unter den Linden, junto a una inmensa Waltraud Meier en el rol de Kundry, con Daniel Barenboim exprimiendo la Staatskapelle a tope… Atreverse y no estrellarse en el intento ya sería mucho. Pero derrochar carisma y tono vocal como para triunfar sin paliativos, hace superfluos los comentarios. Casi parece ofensivo matizar que la voz ya no tiene, evidentemente, el brillo ni el volumen de antaño, que a veces el fiato anda justo, o que algunos agudos parecen más lanzados (y acertados) que verdaderamente colocados. Pequeñeces frente al enorme tamaño artístico del Parsifal de Domingo. Ojalá no haya sido el último, porque la velada sonaba a despedida del papel.Sobre Waltraud Meier y su Kundry, poco nuevo que decir…
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