Las músicas antiguas, sobre todo aquellas anteriores al 1600 y mientras más lejos en el tiempo en mayor medida, sufren un proceso de transcripción e incluso de reconstrucción que las hace transformarse radicalmente en manos de un intérprete u otro. Aunque haya una serie de usos comunes aceptados por los intérpretes y sancionados por los musicólogos, lo cierto es que sobre todo en el repertorio medieval podemos escuchar cinco versiones distintas de una misma danza italiana del trecento y aunque la melodía sea la misma, las cinco versiones serán probablemente muy distintas en su arreglo. No hablemos ya de lo que puede darse en músicas aun más antiguas, como las griegas o egipcias, tan desconocidas aun hoy en el plano práctico que cualquier intento de interpretación conlleva necesariamente un importante proceso creativo adjunto.
Digo todo…
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