En el estupendo DVD que editò hace un tiempo Warner sobre 'el arte del violìn' hay un momento en el que Ivry Gitlis desmiente la supuesta frialdad de Jascha Heifetz alegando que, si se escucha con los ojos cerrados se descubre la verdadera pasión con la que tocaba ese hombre aparente impávido. Algo así sucede con Daniel Barenboim, que es un músico grandísimo a quien es mejor escuchar con los ojos cerrados, y no por su aspecto frío, sino todo lo contrario: porque viéndole dirigir con esos gestos y esos modos de brigada músico de un regimiento de ingenieros, uno no se explica cómo demonios consigue lo que consigue. Y consigue mucho, y más con Beethoven, porque –ya lo he dicho alguna vez- el suyo es hoy prácticamente el único Beethoven de calidad hecho aún a la antigua: carnoso, rotundo, contundente, y orgulloso de emplear todos los medios…
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