Cuando en 1988 murió el legendario Evgenii Mravinski, uno de los nombres que sonó con más fuerza para sustituirle al frente de la Filarmónica de Leningrado (entonces aún se llamaba así la mejor orquesta rusa) fue el del letón Mariss Jansons (Riga, 1943), asistente suyo a la sazón. Pero su juventud y su –supuesto– escaso relumbrón en Occidente decantaron la balanza en favor de una opción más segura, esto es más conservadora: Iuri Temirkanov. Jansons se dedicó entonces a poner en el mapa internacional a la Filarmónica de Oslo, y a sí mismo, durante una larga etapa como director titular. Después vino la aventura americana en Pittsburg, sucediendo a Lorin Maazel. De uno y otro continente empezaron a llegar testimonios sonoros y literarios que daban fe del estupendo músico que era el hijo del también director Arvid Jansons.
Esos importantes…
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