Esta noche el público desertó de forma incomprensible, probablemente a causa de que el concierto coincidía con la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas. Pues ellos se lo perdieron, porque esa ceremonia se podrá ver una y mil veces, pero el concierto sólo una. Y encima, con olimpiada instrumental, como enseguida se dirá.
Mariss Jansons y la Sinfónica de la Radio de Baviera arrancaron su tercera y última actuación en el Festival de Lucerna con la célebre obertura del Egmont beethoveniano, dando una lectura fulgurante y llena de calor: hay que ser muy bueno –y estos músicos lo son– para conseguir que el primer acorde suene bien empastado en toda la cuerda, máxime si, como en este caso, se emplea la plantilla al completo (16/14/12/10/8); y hay que ser aún mejor para que la intensidad de ese primer sonido se mantenga a lo…
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