André Previn compone y dirige; Anne-Sophie Mutter toca el violín y es la dedicataria del concierto: aquí hay tomate. Un tomate que derivó de un encargo de la Orquesta Sinfónica de Boston –pionera donde las haya a la hora de encomendar nuevas obras a los mejores compositores en activo–, y que ha fructificado en un hermoso Concierto para violín y orquesta estrenado en esa ciudad el 14 de marzo de 2002 –y, dicho sea de paso, en un matrimonio. La obra es extensa (40 minutos), y a lo largo de ella Previn hace gala de ese buen trabajo basado en observar el pasado reciente –que consiste en fijarse en Elgar y en Sibelius para la parte solista, y para la orquesta en Richard Strauss y en el propio Previn–, sin descuidar una actualidad que demanda de los compositores cosas nuevas pero asequibles. Previn ya demostró recientemente que podía hacer eso…
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