La temporada se inicia con un estreno mundial, sólo visto antes este verano en Aix bajo la dirección del maestro que rige los destinos musicales de La Monnaie, Kazushi Ono, que se encargó de casi todas las representaciones -menos la que aquí se comenta- y con los mismos intérpretes vocales. Si en la puesta, la coreógrafa oficial de La Monnaie, De Keersmaeker, demostró que es más afín a obras contemporáneas o 'modernas' mucho más que a Verdi (su fallido intento con I due Foscari debería haberla disuadido para siempre -confío- de semejante aventura en un mundo que decididamente no tiene nada que ver con el suyo), la orquesta de cámara sonó estupendamente bien bajo la batuta atenta de Octors, quien parecía encontrarse como pez en el agua en esta partitura que recrea -desde el texto- con elementos occidentales la estética japonesa.
Con movimie…
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