Como ya ha sido mencionado varias veces, la propuesta del festival es el re-trabajo constante de sus producciones a través de los años e incluso a través del festival. Esa es la virtud idealista. Pero hay que saber cuando parar de re-trabajar y frenar el entusiasmo, en otras palabras, hay que poner límites. En las dos primeras óperas del ciclo se destacó la sencillez de la narración y la naturalidad con que los cantantes se movieron en escena confiriendo credibilidad al concepto de esta producción. La sencillez siguió durante el primer acto de Sigfrido, que fue muy exitoso debido principalmente a las piruetas físicas y vocales del extraordinario ‘Mime’ de Graham Clark.
El segundo acto de Sigfrido, como lo ve Jürgen Flimm, es algo complicado y hasta ahora ha sido un factor irritante. Conviene recordar a los nuevos lectores, y a aquellos…
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