A los pocos segundo de que la London Sinfonietta arremetiera, literalmente, con Coursing de Oliver Knussen, pensé: ¡por fin algo que suena a nuevo! Luego recapacité, y llegué a la conlusión de que lo más preocupante de esta reacción insconciente no es que Coursing fuese la primera obra de un extranjero en tocarse en el Festival de Alicante, sino que... ¡fue compuesta en el ochenta y uno, hace vientitrés años! Esto induce a pensar que algo grave pasa con la producción musical contemporánea en este país...
Dejando de lado estas consideraciones, lo ocurrido los días 24 y 25 de septiembre es prueba una vez más de como el Festival de Alicante da una de cal y otra de arena, de como es capaz de programar un conjunto y un programa fabulosos al día siguiente de una velada más que mediocre en ambos aspectos. Pero mientras siga habiendo conciertos…
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