¿Ha probado el lector meditar con los tres últimos movimientos de la tercera de Mahler? La canción nocturna de Zaratustra lo colocará en la profunda dualidad de dolor y anhelo de felicidad de su propia alma, seguidamente invadida por la abrupta interrupción del coro de mujeres y niños, con la voz zaratustriana de la contralto reducida ahora a la más ingenua expresión de culpa. Y no bien acallados los ecos del coro, la melodía más tierna jamás escrita nos precipita en ese andante marcado como lento, tranquilo, y esa palabra alemana tan difícil de traducir: Empfunden (¿sensible?, ¿con sentimiento? ¿profundamente sentido?). Mahler explicó a Anna von Mildeburg que escribió este movimiento pensando en la plegaria de "¡Padre, mira mis heridas!¡No dejes que se pierda siquiera una de tus criaturas!" Y agregó: "Casi podría haber llamado a este…
Comentarios