Existe, creo, un gran problema con la crítica conformista y de tono tibio que tanto se practica en este país y muy especialmente cuando se trata de la recepción de obras nuevas y de juzgar a compositores que, en muchos casos, son también colegas. Este problema es el de la injusticia y es tan elemental como que cuando de todo se dice que es bueno, lo que es bueno realmente no consigue destacar por encima de lo demás.
Esta injusticia provocada por la actitud benevolente de la crítica fue especialmente patente con lo que respecta a este monográfico dedicado a Jesús Rueda, a quien se le comparó con Bartók o con Shostacovich en un intento grandilocuente de loar sus virtudes como músico. La cuestión no estriba en que esta comparación pueda resultar algo absurda y exagerada, pues Rueda es esencialmente distinto a estos dos grandes, estriba en…
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