Será difícil que en la actual temporada de conciertos de canto de La Monnaie haya otra sesión como ésta, que venía en realidad diferida del año pasado. El caso es que en seis meses, dentro de 2004, Bruselas ha podido disfrutar de dos versiones alucinantes del más alucinante de los ciclos de Schubert. Si hubiéramos tenido también a Goerne, además de la versión ‘coreografiada’ de Keenlyside, habríamos tenido el peculiar privilegio de escuchar las tres más grandes y diversas versiones que de este Viaje puedan encontrarse hoy en vivo (por suerte al primero lo escuché, por casualidad y en una sustitución -ya las quisiéramos todas así- en el Concertgebouw de Amsterdam). Con eso no sólo "tengo bastante" como en la poesía, sino que me puedo considerar afortunado.
La de Schubert no es una experiencia mística como podría indicar el título de esta…
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