Jenufa cumple cien años. La más representada, la más conocida, quizás la más amada y la primera “madura” (pero, ¿y Osud?) de ese gigante escondido los cumple con discreción. Pero está rozagante, más lozana que la planta de romero que la pobre protagonista cultiva por superstición y que su enamorado despechado envenena con gusanos. Cuando, según las circunstancias personales e históricas por las que se atraviesa, uno llega preocupado, cansado, irritado a ver un Janacek -sí, exactamente como se dice un Leonardo-, seguro que no saldrá indiferente. Tal vez saldrá más preocupado aún, pero entendiendo ligeramente mejor a esos extraños compañeros de especie que se empecinan en hacerse la vida más complicada los unos a los otros, o sea también a uno mismo. Seguramente, por poco tiempo, saldrá mejor.
Si se trata de esta ópera, podrá entender, por…
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