Decididamente y de acuerdo a conceptos modernos, la obra de Mozart es más un concierto para violín, viola y orquesta de cuerdas mas oboes y cornos de a pares que una sinfonía. Es así cómo la denominada Sinfonía concertante debiera ser escuchada. Su estructura, su infrecuente extensión de mas de treinta minutos, los diálogos de los dos solistas entre ellos y con el grupo instrumental así lo aconsejan. Se trata de una obra de singulares atractivos que se presta a lo que Mozart ya había conocido en Mannheim o sea las expresiones sonoras que van mas allá del mero forte-piano. Fue un buen dúo el de Grosman-Felizia, ambos argentinos, ambos miembros de la orquesta salteña, ambos jóvenes imbuidos del deseo de hacer música de la buena. Grosman, seguro, afinado, de personalidad definida. Felizia, guía de los segundos violines de la orquesta,…
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