La obertura del Cazador Furtivo salió algo opaca y lenta pero con delicadísimo tratamiento de detalle orquestal. Bien, después de todo es una obra donde la brillantez weberiana puede ser atenuada como introducción a una ópera premonitoria de los mitos wagnerianos en su acercamiento a las oscuridades del alma. En las variaciones de Hindemith, una orquesta pesada es una cargosa contrariedad porque el alma está en los ritmos de Hindemith mas que en cualquier reminiscencia weberiana. En el scherzo de Turandot hay que saber pasar de un moderato no demasiado moderado (piénsese en la inquietud de bazar oriental de la melodía introductoria de flauta) a un lebhaft (vital) donde la orquesta debe alcanzar el swing de un conjunto de jazz. Con Haitink y los de Dresden los metales apenas consiguieron desperezarse, la percusión salió…
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