Lo primero que se me ocurre para este recital es que el francés Debussy fue un cronista musical de su época. Su arte compositivo tiene esta base inseparable. Siempre se lo encuadró en las veladuras, en las lineas indefinidas, en los colores difusos. Tal vez sea cierto pues mucha de su producción sonora pasa por esos detalles. Pero también tiene páginas en que nada de ésto ocurre sino que son muestras de prístina claridad donde el mensaje aparece pleno de contornos totalmente definidos. Los siete preludios que Celina Lis eligió para esta oportunidad son clara demostración de lo que digo. La dulce niña de los cabellos de lino, las síncopas de esos negros denominados Ministriles, aquel personaje circense que se hacía llamar General Lavine, Ondine, la ninfa de las aguas, Canope, La Puerta del Vino o Lo que Vieron los Vientos del Oeste fueron…
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