El éxito de ciertos programas de televisión y la costumbre de finalizar toda representación de ópera exponiendo individualmente a los cantates al juicio comparativo, implacable y no siempre justo del público, invitan a plantear una crítica como el fallo de un concurso de canto. Dicha invitación se convierte en una tentación irresistible si se representa Los Maestros cantores de Nuremberg de Richard Wagner, dado que versa precisamente sobre una de esas competiciones.
La tarea ofrece ciertas dificultades: por un lado, un crítico debe evitar el juego irresponsable de sentarse cómodamente en su butaca y dictaminar con ligereza juicios que ignoren el esfuerzo profesional de los músicos y que puedan herir susceptibilidades. Por otro lado, exige distanciarse de la escena para no condenar al que Wagner representa como perdedor del concurso, es…
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