En la nueva producción de Don Carlos (Versión de La Scala, en cuatro actos) escenificada por Himmelmann para la Opera de Unten den Linden, el telón se abre para mostrarnos, no el Convento de San Justo sino una mesa donde durante el preludio cenan mirándose fija y tensamente Felipe II, Elizabeth de Valois, Don Carlos y Eboli, todos en vestuario contemporáneo. De este juego de póquer de poder y muerte saldrá perdedor Don Carlos. Luego de haber sido ajusticiado éste por esbirros del rey armados de pistola con silenciadores, el Rey vuelve a sentarse a la mesa junto al Gran Inquisidor y una Elizabeth modosita y desolada que sirve el café, como corresponde después de una comida tan opípara, con un infante real de postre y ese platazo principal de herejes al spiedo. Si, como lo leen. Durante el auto de fe los reyes y Posa siempre sentados en…
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