El aumento progresivo y constante de intensidad dramática hacen de Otello una de las óperas de Verdi más difíciles de representar. Los cantantes, la orquesta y la escena deben acompañar dicha progresión desde el primer hasta el cuarto y último acto, lo que exige un nivel excepcional de concentración en el desarrollo del drama. Muy pocas producciones de Otello lo logran y, desafortunadamente, ésta no es una de ellas – aunque cuenta con otros méritos que compensan dicha carencia hasta cierta medida.
Para explicar el desfase entre el proceso dramático planteado por Verdi y Arrigo Boito, y el resultado interpretativo de esta producción, conviene seguir el desarrollo de la velada desde su comienzo. La apertura inicial del telón descubre la flota de Otello – gobernador de Chipre – gritando para aunar fuerzas en su lucha por alcanzar el puerto…
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