Setenta y un años son muchos años. Como no pertenezco a la generación para la cual es de mal gusto hablar de la edad de una señora, no tengo ningún problema en alegrarme cuando veo a una cantante que, con esa edad, desborda entusiasmo, está manifiestamente orgullosa de su pasado y cultiva el contacto directo con su público. Éste es el caso de Montserrat Caballé quien, mimada y admirada sin reservas por muchos, todavía se impone nuevas metas artísticas y profesionales. Así, hasta hace un par de años, nunca había cantado el papel protagonista de Cléôpatre, “drama pasional” en cuatro actos con música de Jules Massenet, y, hasta la semana pasada, nunca había cantado una ópera completa en el escenario del Teatro Real. Por lo tanto, la pertinencia de este proyecto, claramente personal, en el coliseo madrileño no se justificaba apenas por…
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