En el papel, no habrá muchos Rigoletto como este en el mundo actual. Eso indica varias cosas, y no todas agradables. Hay que decir que los tres repartos con una cantidad enorme de funciones se han justificado (la obra no se daba desde hacía tiempo, por lo que estaba clara la expectativa) y hay un lleno total y un gran éxito de afluencia y en general de aplausos (el día que yo fui, sin embargo, hicieron tres o cuatro cortinas al final). Y es que con el bufón uno se encuentra con enorme emoción cada vez que vuelve a demostrar por qué es una obra tan querible y tan imbatible, tan vital y con tanta fuerza siempre, aunque hoy el texto de Hugo, y por carácter transitivo, el de Piave, parezcan un tanto “ingenuos” o incluso algo polvorientos.
Pero ahí está la música y contra ella no podemos burlarnos como los cortesanos, sino decirle “buenos…
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