Como si fuera ayer todavía me siento embarazado al recordar lo que hice en Buenos Aires una vez, allá por el fin de la década del sesenta. Resulta que venía la Orquesta del Concertgebouw con su director titular que contaba con cierto grado de fama porque había sucedido al gran Eduard van Beinum. Pero en Buenos Aires algunos recordábamos a esa orquesta por su director más controvertido y más genial, Willem Mengelberg, y sabíamos del sonido especial que anhelábamos escuchar en vivo en nuestra sala/templo/refugio que era el Teatro Colón.
No recuerdo cuántos conciertos dieron, pero fueron unos cuantos y el último con la Novena de Mahler se había vendido totalmente, no había forma de conseguir las entradas de pie que aquellos paupérrimos estudiantes universitarios solíamos comprar.... Como la palabra imposible no entraba en nuestros…
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