Iván el Terrible es, desde luego, una obra menor en el catálogo de Procofiev. Si bien en combinación con las escenas por Eisenstein, y aunque la técnica de musicar cine haya variado tantísimo desde entonces, se trate de una partitura efectiva y impregne de una especial belleza a determinadas estampas corales, la música per se, desligada de las imágenes fílmicas carece de la inventiva, imprevisibilidad lírica y brillantez orquestal de los mejores ballets del periodo soviético de Procofiev e incluso del propio Alexander Nevsky, anterior colaboración del compositor con el cineasta ruso. Pero peor incluso que los escasos resultados artísticos de la partitura es el sospechoso –nada disimulado, en realidad- tufillo estalinista que adquieren música y palabras en el arreglo para oratorio realizado por Abram Stasevich, aire que en el filme de…
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