Ojalá el año, en lo musical y en el resto, sea como este concierto con el que escribo mi primera reseña de 2005 (ayer vi a otro gran ruso, Gergiev, en el Beaux Arts y en la Octava de Mahler, pero como no ha habido entradas para la prensa lo dejo en el tintero, no sin decir que fue extraordinario también, a veces más que la obra).
No es novedad que Olga Borodina es una de las grandes cantantes -de las de veras, no de las inventadas o que se intentan o intentaron inventar- del momento. No es novedad que en sus conciertos la música de los grandes rusos revive con una perfección, pero también con un calor, inigualables (técnica, dicción, articulación, emisión). En diecinueve canciones (diez de Chaikovski y nueve de Rachmaninov), la inigualable mezzo rusa dio una lección de canto, exhibió una salud vocal casi insultante, un timbre más cálido y…
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