En plena era de la imagen, cuando el propio sello EMI está anunciando que ya no grabará más óperas en soporte compacto, sino que lo hará siempre en DVD, puede resultar chocante la aparición de una nueva reedición de una grabación de música escénica. Sin embargo, hay algunas razones muy poderosas que llevan a aplaudir el gesto.
Para empezar, en los ballets de Chaicovsqui la música no es un mero pretexto más o menos rítmico para la exhibición de una coreografía, sino que es mucho más: es música orquestal de Chaicovsqui al ciento por ciento, es decir, buenísima. Si además tenemos en cuenta que, de sus tres partituras para la danza, La Bella Durmiente es probablemente la más brillante de ellas, el festín sinfónico está asegurado, aunque uno deje a la imaginación la parte escénica (algo que, por otra parte, tampoco es obligado, porque esta…
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