No tengo mucha experiencia en 'noches históricas', ni grandes montajes operísticos, por eso me parecieron tan emocionantes los 25 minutos de aplausos finales a Edita Gruberova (Bratislava, 1946). Nada raros por otra parte, porque Gruberova -además de cantar magistralmente- estaba 'en casa'. Hace ya 35 años que debutó en la Ópera de Viena y desde esa fecha nunca ha dejado de ser una cantante apreciada por el público vienés, que asistió a Norma para verla a ella y aplaudirla. De hecho los aplausos no se limitaron a la apoteosis final, ni al entreacto, sino que empezaron en la primera intervención de Gruberova y fueron constantes en cada una de sus apariciones. La orquesta y el director lo sabían, y sin demasiado problema cortaban la música tras cada una de sus arias, o simplemente sus apariciones en escena, para permitir los aplausos.
Pero…
Comentarios