El año iniciado por Borodina en Bruselas siguió, en el plano del canto de cámara, con Roman Trekel, un barítono que había cantado ya algunas veces, pero al que nunca había podido escuchar en vivo, aunque alguna grabación y varias reseñas hablaban de su importancia. Fui porque quería oírlo, porque el programa era importante e interesante, pero tengo que reconocer algo que molestará a algún lector. No soy de los que piensan que quien hace una crónica tiene siempre que tener razón, estar en condiciones óptimas y asépticas para reseñar, y una serie de ‘objetividades’ que en la realidad existen bien poco. En alguna medida, todos llevamos nuestra subjetividad, nuestra mejor o peor disposición por las más variadas razones. Puede ser que duela una muela o que se haya ido a ver al dentista y que se la hayan quitado a uno o escarbado para…
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